Silvia y Bruno
Silvia y Bruno —¡No, no! —dijo, haciendo un esfuerzo por recobrarse—. ¡Prefiero terminar mi historia! El siguiente paso (tras reducir a nuestro Gobierno a la impotencia y poner freno a toda nuestra legislación útil, lo cual no nos llevó excesivo tiempo) fue introducir lo que llamábamos «el glorioso principio británico de la dicotomÃa» en la agricultura. Convencimos a muchos de los terratenientes de que dividieran a sus trabajadores en dos partidos y les asignaran posturas enfrentadas. Se los llamaba, al igual que a nuestros partidos polÃticos, «gobernantes» y «opositores»; el trabajo de los gobernantes era arar, sembrar, o cualquier otra cosa que se necesitara, tanto como pudieran en un dÃa, y al llegar la noche se les pagaba de acuerdo a la cantidad realizada; el trabajo de los opositores era obstaculizar el de los primeros, y se les pagaba del mismo modo proporcional. Los terratenientes descubrieron que tenÃan que pagar únicamente la mitad de dinero que antes en salarios, y no advirtieron que la cantidad de trabajo realizada era de tan sólo una cuarta parte de la que se hacÃa previamente; de manera que, en un primer momento, acogieron la medida con gran entusiasmo.
—¿Y después…? —inquirÃ.