Silvia y Bruno
Silvia y Bruno —En ninguno —confesó con franqueza Mein Herr—. En el comercio tuvo un periodo de prueba extremadamente corto. Los dueños de las tiendas no lo aceptaron, después de haber probado el plan de tener a la mitad de los dependientes ocupados en empaquetar y llevar los artÃculos que la otra mitad trataba de extender sobre los mostradores. ¡DecÃan que a los clientes no les gustaba!
—No me sorprende —comenté.
—Probamos el «principio británico» durante unos cuantos años. Y su fin definitivo llegó cuando… —su voz quedó reducida de pronto casi a un susurro, y unos lagrimones comenzaron a resbalar por sus mejillas—… cuando nos vimos envueltos en una guerra; y hubo una gran batalla, en la que superábamos ampliamente en número al enemigo. Pero ¿qué podÃa esperarse cuando sólo la mitad de nuestros soldados luchaban, mientras la otra mitad tiraba de ellos? Acabó en una derrota aplastante, un completo desastre. Esto provocó una revolución, y se desterró a la mayorÃa de miembros del Gobierno. Yo mismo fui acusado de traición por haber defendido con tanta fuerza el «principio británico». Me despojaron de todos mis bienes y… y… ¡fui empujado al exilio! «Como el daño ya está hecho», dijeron, «quizá sea usted tan amable de abandonar el paÃs». Casi me rompió el corazón, ¡pero tuve que hacerlo!