Silvia y Bruno
Silvia y Bruno —¡No seas tonto, Bruno! —replicó su hermana con brusquedad—. ¡Termino enseguida! «… si se acercaba un niño regordete y jugoso, ¡solÃa abalanzarme sobre él y zampármelo! ¡Oh, no tenéis ni idea de lo delicioso que resulta… un niño suculento!». Y Bruno contestó: «¡Oh, señor, le ruego que no hable sobre comerse niños pequeños! ¡Hace que me entren escalofrÃos!».
El auténtico Bruno se estremeció, en simpatÃa con el héroe.
—Y el león dijo: «Oh, bueno, ¡no hablaremos de eso, pues! Os contaré lo que sucedió el dÃa de mi boda…».
—Esta padte me gusta más —comentó Bruno, tocándome en la mejilla para que no me durmiese.
—«¡Oh, hubo un desayuno nupcial de lo más encantador! En un extremo de la mesa habÃa un pudin de pasas. ¡Y en el otro un hermoso cordero asado! ¡Oh, no os imagináis lo delicioso que resulta… un buen cordero asado!». El cordero dijo entonces: «¡Oh, señor, le ruego que no hable sobre comerse corderos! ¡Hace que me entren escalofrÃos!». A lo que el león contestó: «Oh, bueno, ¡no hablaremos de eso, pues!».