Silvia y Bruno
Silvia y Bruno —¡Pero qué rareza! ¡Cuánto singular! Que haya perdido, no solamente la letra, sino la melodÃa asimismo… es del todo curioso, ¿no creen?
Todos lo creÃamos, absolutamente.
—Fue ese niño encantador quien la halló para mà —sugirió el conde—. ¿A lo muy mejor él es el ladrón?
—¡Pues claro! —profirió en voz alta lady Muriel—. ¡Bruno! ¿Dónde estás, bonito?
Pero no contestó ningún Bruno; aparentemente, los dos niños habÃan desaparecido de forma tan súbita, y misteriosa, como la canción.
—¿Estarán gastándonos una broma? —exclamó lady Muriel alegremente—. ¡Les habrá dado por jugar de repente al escondite! ¡Ese pequeño Bruno es un diablillo!
La explicación propuesta fue bienvenida por la mayorÃa de nosotros, dado que algunos de los invitados habÃan empezado a dar visibles muestras de intranquilidad. Se emprendió con gran entusiasmo una búsqueda general: se descorrieron y sacudieron cortinas, se abrieron armarios y se voltearon otomanas, pero el número de escondites posibles resultó ser estrictamente limitado, y la búsqueda llegó a su fin nada más haber empezado, prácticamente.