Silvia y Bruno
Silvia y Bruno —¡Al menos, descanso corporal no falta! —contestó lady Muriel, echando una ojeada a las tres figuras reclinadas que la rodeaban—. Pero lo que ustedes llaman actividad mental…
—… es un privilegio exclusivo de los jóvenes doctores —concluyó el earl la frase de su hija—. Los ancianos como nosotros no tienen derecho a estar activos. ¿Qué le resta a un viejo sino morir?
—Espero que muchas otras cosas —dijo Arthur de manera sincera.
—Bueno, quizá sea asÃ. No obstante, ¡tienes ventaja sobre mà de muchas maneras, querido muchacho! No sólo tu dÃa está alboreando mientras el mÃo se halla en su ocaso, sino que además tu interés por la vida… por algún motivo, no puedo evitar envidiarte en eso. Pasarán muchos años antes de que lo pierdas.
—Aunque ciertamente muchos intereses humanos sobreviven al fin de la vida, ¿no creen? —dije yo.