Silvia y Bruno
Silvia y Bruno —Muchos, no hay duda. Y algunas formas de ciencia, pero sólo algunas, en mi opinión. Las matemáticas, por ejemplo: estas parecen poseer un interés inagotable; resulta imposible imaginar cualquier forma de vida, o raza de seres inteligentes, en la que la verdad matemática perdiese su razón de ser. Pero me temo que la medicina no se halla en la misma situación. Suponga que descubre un remedio para alguna enfermedad que hasta la fecha se creÃa incurable. Bien, es algo delicioso en el momento, sin duda; tremendamente interesante; tal vez le reporte fama y fortuna. Pero ¿luego qué? Centre su mirada en el futuro, unos pocos años después, en una vida en la que no existen las enfermedades. ¿De qué vale, entonces, su descubrimiento? Milton hace prometer demasiado a Jove. «De inmensa fama en el Cielo has de aguardar tu recompensa». ¡Pobre consuelo cuando la «fama» se debe a cuestiones que dejarán de tener sentido!
—Cuando menos, uno no se molestarÃa en hacer nuevos descubrimientos médicos —convino Arthur—. No veo forma de evitar eso… aunque me darÃa lástima abandonar mis estudios favoritos. Sin embargo, la medicina, las enfermedades, el dolor, el pesar, el pecado… me temo que están todos conectados. ¡Destierra el pecado y desterrarás todo lo demás!