Silvia y Bruno

Silvia y Bruno

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
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que forman un bosquecillo tupido?

Si pudieras trotar hasta él dos veces al día,

sin detenerte nunca a descansar ni jugar,

dentro de mucho… ¿quién sabe?,

tal vez estuvieses en forma para saltar».

El camello se fue, dejándolo allí,

junto a la fuente rota.

Llenaban el aire sus gritos de angustia.

Se tiraba de los pelos, se retorcía las pezuñas,

porque no era capaz de saltar.

Pasó por la zona una rana

acicalada y lustrosa, aunque boba;

le echó un vistazo con ojos inexpresivos

y dijo: «¡Oh, cerdo!, ¿por qué lloras?».

Amarga fue la respuesta del cochino:

«¡Porque no puedo saltar!».

La rana sonrió con regocijo

y se dio un golpe en el pecho.

«¡Oh, cerdo! —dijo—, sigue mis preceptos

y verás qué te depara el destino.

¡Ahora mismo, a cambio de una nimiedad,

te enseñaré a saltar!

»Tal vez te desmayes de muchas caídas

y quedes magullado por cantidad de trompazos.

Pero si perseveras hasta el final,

y practicas primero con algo bajo


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