Silvia y Bruno
Silvia y Bruno ¡Y menudo personaje disparatado cantaba tales disparates! ParecÃa tratarse de un jardinero; aunque uno loco, sin duda, por el modo en que blandÃa su rastrillo; más loco, por cómo, de tanto en tanto, rompÃa a bailar con frenesÃ; ¡más loco que nadie, por el alarido con el que profirió los últimos versos de la estrofa!
Hasta cierto punto estaba describiéndose a sà mismo, pues tenÃa los pies de un elefante: pero el resto de él era piel y hueso; y las briznas de paja suelta que le sobresalÃan por todas partes parecÃan indicar que en un principio llevaba esta metida bajo la ropa, y que prácticamente toda ella se le habÃa salido ya.
Silvia y Bruno esperaron pacientemente hasta el final de la primera estrofa. Entonces Silvia se aproximó sola (dado que a Bruno le habÃa entrado una repentina vergüenza) y se presentó tÃmidamente diciendo:
—Disculpe, ¡me llamo Silvia!
—¿Y quién es esa otra cosa? —preguntó el jardinero.
—¿Qué cosa? —dijo Silvia, girándose—. Oh, ese es Bruno. Es mi hermano.
—¿Era tu hermano ayer? —inquirió el jardinero ansiosamente.
—¡Pues claro! —exclamó Bruno, que se habÃa acercado poquito a poco, y al que no le gustaba nada que se hablara de él sin tomar parte en la conversación.