Silvia y Bruno
Silvia y Bruno Y asà fue que al final me vi en posesión de una indigesta ensalada de papeles —si el lector tiene la bondad de disculpar el doble sentido— que solamente necesitaba un hilvanado, sobre el hilo conductor de una historia ordenada, para constituir el libro que esperaba escribir. ¡Solamente! La tarea, al principio, parecÃa completamente irrealizable, y me dio una idea, mucho más clara de lo que nunca habÃa tenido, del significado de la palabra «caos»; y creo que debieron de transcurrir diez años, o más, antes de que lograra organizar lo suficiente dichos retazos como para ver a qué tipo de historia apuntaban, ya que esta tenÃa que surgir de los episodios, y no al revés.
No cuento todo esto por un ánimo egotista, sino porque creo de veras que algunos de mis lectores estarán interesados en estos detalles de la «génesis» de un libro, cuestión que, una vez finalizada, parece tan simple y directa que podrÃan suponer que fue escrito de corrido, página a página, como uno escribirÃa una carta, comenzando por el principio y terminando por el final.