Brevísima relación de la destrucción de las Indias

Brevísima relación de la destrucción de las Indias

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Después quel dicho capitán volvió de la costa, determinó de partirse dende Quito, para ir en busca del capitán Juan de Ampudia. Sacó más de doscientos hombres de pie y de caballo, entre los cuales sacó muchos vecinos de la villa de Quito; y a los vecinos que iban con él, el dicho capitán les dio licencia para que sacasen sus caciques de sus repartimientos con todos los indios que ellos quisiesen sacar, y ellos lo hicieron ansí, entre los cuales sacó Alonso Sánchez Nuita con su cacique más de cien indios con sus mujeres, y por el consiguiente Pedro Lobo y su sobrino más de ciento y cincuenta con sus mujeres; y muchos dellos sacaban sus hijos, porque todos se morían de hambre. Y así mismo sacó Morán, vecino de Popayán, más de doscientas personas, y lo mismo hicieron todos los otros vecinos y soldados, cada uno como podía. Y los dichos soldados preguntáronle que si les daría licencia para echar en prisiones los indios e indias que llevaban, y él les dijo y respondió que sí, hasta que se muriesen, y después de muertos aquéllos, otros; que si los indios eran vasallos de Su Majestad, que también lo eran los españoles y se morían en la guerra. Y desta manera salió del Quito el dicho capitán a un pueblo que se llama Otabalo, que a la sazón tenía por su repartimiento, y pidióle al cacique que le diese quinientos hombres para la guerra, y ansí se los dio, con ciertos indios principales. Y parte de aquesta gente repartió entre los soldados, y los demás los llevó consigo, dellos cargados y dellos en cadenas, y algunos sueltos para que le sirviesen y le trajesen de comer: y desta manera los llevaron los soldados en cadenas y en sogas atados. Y cuando salieron de las provincias de Quito, sacaron más de seis mil indios e indias, y de todos ellos no se volvieron veinte hombres a su tierra, porque todos se murieron con los grandes trabajos y excesivos que les dieron en las tierras calientes, desnaturándolos de su natural. Y acaeció en este tiempo que un Alonso Sánchez, que envió el dicho capitán por capitán de cierta gente a una provincia, topó en el camino cierta cantidad de mujeres y de muchachos cargados, de comida, y le aguardaron y esperaron sin le huir, para le dar della, y a todos los mandó meter a cuchillo de espada. Y acaeció un misterio: que un soldado, dando de cuchilladas a una india, del primer golpe se le quebró la mitad de la espada, y del segundo no le quedó sino la empuñadera, sin poder herir la india. Y otro soldado, con un puñal de dos filos, queriendo dar de puñaladas a otra india, al primer golpe se le quebró y despuntó con cuatro dedos de la punta, y al segundo no le quedó más de la empuñadura. Y al tiempo aquel dicho capitán salió del Quito sacando tanta cantidad de naturales, descasándolos, dando las mujeres mozas a los indios quél traía y las otras a los que quedaban por viejos, salió una mujer con un niño chiquito en los brazos tras él, dando voces, diciéndole que no le llevase a su marido, porque tenía tres niños chiquitos, y que ella no los podría criar, y que se le morirían de hambre. Y visto que la primera vez le respondió mal, tornó a segundar con mayores voces, diciendo que sus hijos se le habían de morir de hambre; y visto que la mandaba echar por ahí y que no le quiso dar a su marido, dio con el niño en unas piedras y lo mató.


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