Rojo, blanco y sangre azul
Rojo, blanco y sangre azul —"¿Sabes que si alguien encuentra este chat, seremos portada mundial?" —escribe Alex después de que Henry le envÃa una foto de su perro, David, posando con una corona ridÃcula. —"Una razón más para usar emojis: los hace ilegibles para los historiadores."
El intercambio se siente como un juego, pero con cada mensaje, algo más profundo se abre paso. Alex descubre que Henry, detrás de la fachada real, es mucho más humano de lo que jamás imaginó. Su humor mordaz, sus confesiones sobre la presión de ser siempre perfecto, incluso su amor casi infantil por los perros, todo comienza a desarmar los prejuicios que Alex habÃa construido durante años.
—"Eres un desastre, Henry." —"SÃ, pero al menos soy un desastre con un acento encantador."
El cambio llega sin avisar, como suelen hacerlo las cosas importantes. En una fiesta privada, entre risas y copas de champán, Alex y Henry encuentran un rincón tranquilo en una biblioteca llena de libros antiguos y olor a madera. Sus palabras se entrelazan, y en algún momento, el aire cambia. Alex lo siente primero: el latido rápido de su corazón, la cercanÃa del cuerpo de Henry.
—"¿Por qué siempre haces que esto sea tan complicado?" —pregunta Henry, con un hilo de frustración en la voz. —"Porque tú haces que valga la pena complicarlo."