Rojo, blanco y sangre azul
Rojo, blanco y sangre azul La reacción es instantánea y devastadora. Los tabloides se vuelven locos, y las redes sociales explotan en una mezcla de apoyo y condena. El Palacio de Buckingham y la Casa Blanca entran en pánico. Los enemigos polÃticos de Ellen Claremont aprovechan el escándalo para atacar su administración, mientras que la familia real británica se enfrenta a una crisis sin precedentes.
En el caos, Alex y Henry son separados. Sus teléfonos confiscados, sus movimientos restringidos. Alex pasa dÃas sin noticias de Henry, atrapado en la Casa Blanca mientras el mundo exige respuestas. Finalmente, una llamada clandestina logra cruzar las barreras impuestas.
—"¿Estás bien?" —pregunta Alex, su voz rota por la ansiedad. —"No lo sé", responde Henry. Su tono es bajo, casi derrotado. "Me siento como si estuviera perdiendo todo." —"No me estás perdiendo a mÃ", dice Alex con una convicción que parece cortar el aire. "Eso no va a pasar."
La desesperación alcanza su punto máximo cuando Alex decide que la única manera de enfrentar la tormenta es enfrentarse al mundo. Organiza una conferencia de prensa, donde aparece solo, con los ojos cansados pero decididos.