Rojo, blanco y sangre azul
Rojo, blanco y sangre azul La explosión mediática tras el correo hackeado deja a Alex y Henry como dos figuras atrapadas en un huracán que amenaza con devorarlo todo. Cada movimiento es analizado, cada silencio interpretado. Pero mientras el caos exterior se intensifica, algo cambia dentro de ellos: una decisión compartida de no ceder, de no permitir que las expectativas del mundo arrasen lo que han construido juntos.
En la Casa Blanca, Alex enfrenta a su madre, Ellen Claremont, en una conversación que define su relación tanto como su futuro.
—“¿Sabes lo que esto podría costarme, Alex?” —pregunta Ellen, su voz firme, pero con una sombra de agotamiento en los ojos. —“Lo sé. Pero también sé que me criaste para luchar por lo que creo, incluso cuando es difícil. Y creo en esto. Creo en nosotros.”
Ellen lo mira durante un largo momento, como si estuviera sopesando cada palabra, cada decisión que la llevó a este momento. Finalmente asiente, más con resignación que con aceptación.
—“Entonces lucha. Pero hazlo sabiendo que esto no será fácil.”