Rojo, blanco y sangre azul
Rojo, blanco y sangre azul Mientras tanto, Henry enfrenta una batalla diferente. En el Palacio de Buckingham, bajo el peso de siglos de tradición, tiene que enfrentarse a su abuela, la reina, en una conversación cargada de tensiones.
—“Eres un Windsor, Henry. Tienes un deber con esta familia, con esta nación.” —“¿Y no tengo un deber conmigo mismo?” —responde Henry, con una fuerza que nunca había mostrado antes. “No quiero ser un fantasma en mi propia vida. Quiero ser feliz. Y Alex me hace feliz.”
La reina lo observa en silencio, su rostro impasible como un retrato colgado en una galería. Finalmente, con una mezcla de desaprobación y resignación, dice: —“Entonces que así sea. Pero no esperes que el camino sea fácil.”
Las semanas siguientes son un torbellino de titulares, debates y decisiones difíciles. Los asesores de Ellen luchan por mantener su campaña de reelección a flote mientras los tabloides británicos se ensañan con Henry. Pero en medio del caos, hay momentos de luz.
En un evento en Nueva York, Alex y Henry hacen su primera aparición pública juntos desde el escándalo. Caminan tomados de la mano, sus rostros serios pero decididos. Las cámaras capturan el momento, y el mundo lo observa con una mezcla de fascinación y controversia.