Rojo, blanco y sangre azul
Rojo, blanco y sangre azul En el Palacio de Buckingham, Henry observa la conferencia desde una pequeña habitación llena de antigüedades. La pantalla del televisor refleja su rostro, pálido pero resuelto. Sus manos tiemblan, pero su corazón está en llamas. Alex lo ha hecho, ha puesto todo en la línea por ellos.
Un asistente entra al cuarto. —“Su Majestad lo espera en el salón principal.”
Henry se pone de pie, su postura tan rígida como una estatua, pero su interior lleno de determinación. Al entrar en la sala, su abuela, la reina, lo observa desde su trono, rodeada de miembros de la familia real.
—“Henry,” —comienza ella con voz severa—, “has puesto en peligro la reputación de esta familia.” Henry la mira directamente a los ojos. Por primera vez, no siente miedo. —“La reputación de esta familia no significa nada si requiere que traicione quién soy.”
Un murmullo recorre la sala. Henry da un paso adelante. —“Alex no es una amenaza para esta familia. Es mi hogar. Y no importa lo que digan los tabloides o las tradiciones, no voy a dejarlo.”
La reina lo observa con una mezcla de desaprobación y algo que Henry nunca había visto antes: respeto. Finalmente, después de un silencio interminable, ella asiente ligeramente.