Rojo, blanco y sangre azul
Rojo, blanco y sangre azul Alex respira profundo y lanza las palabras como una chispa en un polvorín: —“Estoy aquí porque creo que hay cosas que merecen ser dichas, incluso cuando son difíciles, incluso cuando dan miedo. Y esta es una de ellas: estoy enamorado del príncipe Henry de Inglaterra.”
La sala explota. Las cámaras lanzan destellos, los periodistas gritan preguntas al unísono, pero Alex no vacila. Levanta una mano y espera, su postura sólida como una roca. El caos se calma lentamente, y él continúa.
—“Sé que esto no es algo que muchos esperaban. No encaja en el molde de lo que las figuras públicas ‘deberían’ ser. Pero no puedo, y no quiero, seguir escondiendo quién soy o a quién amo. Esto no es solo una historia de amor. Es una historia sobre elegir quién eres y qué estás dispuesto a defender.”
Hace una pausa, dejando que las palabras se hundan en el corazón de todos los presentes. Sus ojos buscan las cámaras, como si pudieran atravesarlas y llegar directamente a Henry, a miles de kilómetros de distancia.
—“Henry me mostró algo que no entendí durante mucho tiempo. Me mostró que ser fiel a ti mismo es el acto más valiente que puedes hacer. Y por eso, estoy aquí, enfrentando el mundo, porque él lo merece. Nosotros lo merecemos.”