Rojo, blanco y sangre azul
Rojo, blanco y sangre azul —Esto es un circo —murmura Henry entre dientes, manteniendo su sonrisa impecable para las cámaras. —Y tú eres el payaso principal —le replica Alex con un tono que roza la burla.
Tras la conferencia, ambos son enviados a una cena de gala, rodeados de dignatarios y figuras de la alta sociedad. Alex intenta mantener las apariencias, pero no puede evitar lanzar comentarios sarcásticos en cada oportunidad.
—¿Siempre practicas esa sonrisa en el espejo, o es algo innato? —dice mientras sirven la entrada. Henry, cansado del enfrentamiento, suspira y finalmente responde, con una voz baja y controlada: —¿Alguna vez has considerado que tal vez no todos disfrutamos de esta farsa tanto como tú crees?
La confesión desarma a Alex. Durante el transcurso de la noche, una conversación sincera, iniciada por accidente, cambia el curso de su enemistad. En un rincón del salón, lejos del bullicio, Henry menciona a su padre, fallecido cuando él era apenas un niño. Habla de las expectativas que lo han seguido como una sombra, de cómo la monarquÃa lo ha moldeado en algo que apenas reconoce como suyo.
—No elegà esto, Alex. Nunca tuve la oportunidad de elegir. —Todos estamos atrapados en algo, Henry. Pero al menos puedes enfrentarlo.