Rojo, blanco y sangre azul
Rojo, blanco y sangre azul —Esto es más que un escándalo. Es un riesgo para las relaciones bilaterales con el Reino Unido —declara Zahra, la implacable subjefa de gabinete, mientras lanza un informe sobre la mesa. —¿Riesgo? ¡Por un maldito pastel! —protesta Alex, cruzándose de brazos. —Por un pastel y tu incapacidad para mantener la compostura en público —responde Zahra, mirándolo como si quisiera prenderle fuego con la mirada.
La solución llega como un golpe inesperado: Alex debe viajar a Londres para realizar una serie de apariciones públicas con Henry y reparar la imagen dañada. Es una estrategia de relaciones públicas que no admite discusión.
—No soy un tÃtere, Zahra. No voy a sonreÃr para las cámaras con ese idiota. —SÃ, lo harás. Y vas a ser el mejor amigo del prÃncipe Henry por el bien de tu madre, de este paÃs, y de tu propia existencia si quieres seguir teniendo una carrera polÃtica.
Dos semanas después, Alex se encuentra en Londres, enfrentándose a la misión más humillante de su vida. La rueda de prensa es una obra maestra de hipocresÃa. Ambos están sentados uno al lado del otro, sonrientes, mientras responden preguntas ensayadas. Henry, como siempre, parece salido de un cuento de hadas. Su postura impecable y su sonrisa perfectamente calculada irritan a Alex como una picadura constante.