A mi madre
A mi madre la amaba y la repelía.
¡A la dulce, a la sin par
madre que me llevó el cielo!
¡Ah! ¡Qué amargo desconsuelo
debe su tumba llenar!
¡Aquélla a quien dio la vida,
tener miedo de su sombra!
¡Es ingratitud que asombra,
la que en el hombre se anida!
Mas tú que tanto has amado,
tú que tanto has padecido,
tú que nunca has ofendido,
y que siempre has perdonado,
a la que nació en tu seno
sé que no guardas rencores;
tú toda mieles y amores,
aun de la tumba en el cieno.
Ruega, ruega a Dios por mí,
desde tu lecho de espinas,
por donde al cielo caminas
al alejarte de aquí.
Y cuando al Dios de ternura,
llegues de gracia cubierta,
dile no cierre su puerta
a esta humilde criatura,
porque en santa paz unidas,
donde no hay penas ni olvido,