A mi madre
A mi madre gocemos en blando nido,
las glorias desconocidas.
III
Como en un tiempo dichoso
fui al campo por la mañana,
que estaba hermosa y risueña,
que fresca y galana estaba;
fuime al romper de la aurora,
cuando tocaban al alba,
cuando aún los hombres dormían
y los jilgueros cantaban,
saltando de rosa en rosa,
volando de rama en rama.
Con su murmurio apacible,
solita la fuente estaba,
bajo el castaño frondoso
que tiernamente la guarda.
Y estaba la verde yerba
toda cubierta de escarcha.
Las tenues lejanas nieblas,
cual vaporosos fantasmas,
vagaban tristes y errantes
sobre las altas montañas.
El lejano campanario
sobre las nieblas se alzaba,
con sus graciosos festones,
con su armoniosa campana.