A mi madre
A mi madre la cuna en que me arrullabas.
Si fueron mi dulce aliento
y el paño, ay, Dios, de mis lágrimas!
Hora corren hilo a hilo.
Hora mis mejillas bañan,
bañan la tierra que piso
y en su amargura me empapan,
mas nadie viene, ángel mío,
¡ay!, nadie viene a enjugarlas.
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Ya el sol bañaba las cumbres
de las risueñas montañas,
ya disiparan las nieblas,
las brisas de la mañana;
ya despertaran los hombres,
ya no tocaban al alba,
cuando torné de los campos,
paso tras paso a mi casa.
Dejárala silenciosa
cuando salí a la mañana,
y silenciosa a mi vuelta,
más que las tumbas estaba.
En la solitaria puerta
no hay nadie... ¡nadie me aguarda!
ni el menor paso se siente
en las desiertas estancias.