Poemas & Elegias

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Catulo tenía ejemplos de Homero mejores que el elegido para establecer el fundamento entre vehículo y tenor, pero prefirió de los tres o cuatro ejemplos de que podía echar mano, precisamente el más dinámico, el que le permitía explayarse en la imagen de una naturaleza desatada. De Apolonio tomó la furia del viento; y hay que hacer observar que el autor griego, medroso, no creía capaz al viento de abatir solo un gigantesco pino, le añade: «al que dejaron a medio talar los leñadores». La imagen de Apolonio, menos observador de la naturaleza, queda muy lógica, muy de escuela. La de Catulo falla precisamente porque el fundamento entre vehículo y tenor no está muy racionalizado, dada la excesiva distancia entre los dos, pero lo maravilloso se descubre si los estudiamos independientemente. La encina o el olmo y el pino, arrancados de cuajo por un huracán indomable están vistos como en una secuencia cinematográfica. Se desencadena el huracán, los soplos de viento retuercen sus troncos, los sacan de raíz y rompen todo a su paso. Por otra parte, Teseo vence el cuerpo de Minotauro, le hace hincar las rodillas, mientras él se defiende dando cornadas a los vientos. Los símiles homéricos y el de Apolonio ofrecen un fundamento estrecho entre las dos imágenes comparadas, aun siendo muy dinámica la imagen de Homero citada como origen de la catuliana. Sin haber tanta correspondencia en su símil, Catulo supera a sus maestros, cuando descubrimos la autenticidad de su estudio sobre un huracán y «vemos» al Minotauro defenderse con imposibles cornadas en un último esfuerzo por sobrevivir.


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