Poemas & Elegias
Poemas & Elegias Pero tú acuérdate de no ser rigurosa con tu joven enamorado: persigue con castigos los comportamientos crueles Venus. No pidas regalos; otorgue regalos el amante canoso para calen30 tar sus fríos miembros en suave regazo. Más preciado que el oro es un joven a quien le brilla su liso rostro y no raspa, al abrazar, su hirsuta barba. A éste estréchale la espalda con tus 35 blancos brazos y ¡despréciense grandes tesoros de reyes! Pero Venus encontrará el medio de acostarte a escondidas con el chico que, temeroso, estrecha sin cesar tus suaves pechos, y de dar húmedos besos a quien lo está deseando en medio de una pelea de lenguas, y de dejar las huellas de sus dientes en el cuello. Ni piedras preciosas, ni perlas agradan a la que duerme 40 en fría soledad y no es objeto de deseo de ningún hombre. Ay, tarde se llama al amor, tarde a la juventud, cuando la canosa vejez ha teñido la anciana cabeza. Entonces hay deseos de belleza: entonces se cambia el color del cabello para disimular los 45 años, teñido con corteza verde de nuez. Entonces aparece la preocupación de arrancar de raíz las canas y de ofrecer, pulidas las arrugas, un rostro nuevo. Pero tú, mientras florece para ti la edad de la primavera, disfrútala; ella se desliza con no lento paso.