Poemas & Elegias
Poemas & Elegias Oh, habitante del monte Helicón, hijo de Urania, tú que robas a la tierna doncella para su esposo, oh, Himeneo Himen, 5 oh, Himen Himeneo[150]; ciñe tus sienes con flores de mejorana de suave olor; toma alegre el velo color de llama; aquà ven, 10 aquÃ, con sandalia azafranada en tu pie de nieve; y, excitado por este dÃa jubiloso, entonando los himnos nupciales con voz 15 bien timbrada, golpea la tierra con tus pies, agita en tu mano la tea de pino, pues Junia, tal como Venus, la que habita el Idalio, 20 llegó ante el juez frigio[151], se casa con Manlio, una buena doncella con buenos auspicios, brillante como el mirto de Asia de ramas en flor, que las diosas HamadrÃades[152], un placer para 25 ellas, alimentan de húmedo rocÃo.
Ea, pues, dirÃgete aquÃ, deja las grutas aonias de la rocosa Tespias, sobre las que la ninfa Aganipe derrama sus frescas 30 aguas[153]. Y llama a su casa a la dueña, apasionada por su nuevo esposo, ciñendo de amor su mente, como la hiedra obstinada se abraza al árbol por un lado y por otro. Asà mismo vosotras, 35 vÃrgenes sin tacha, para quienes llega un dÃa semejante, ea, cantad a coro: ¡Oh, Himeneo Himen! ¡Oh, Himen Himeneo! 40 para que de buen grado, al oÃr que se le llama a su deber, se dirija aquà el que guÃa una Venus buena y ciñe un buen amor.45