Poemas & Elegias
Poemas & Elegias Deja de llorar. Para ti, Aurunculeya, no hay peligro de que 85 una mujer más hermosa haya visto la clara luz del dÃa nacer del Océano. AsÃ, en el multicolor jardÃn de un rico propietario 90 suele surgir la flor del jacinto. Pero te retrasas, el dÃa se va. <Sal, nueva esposa>.
Sal, nueva esposa, si ya te parece bien, y atiende a mis pa95 labras. ¿Ves? Las antorchas agitan su cabellera de oro. Sal, nueva esposa.
Jamás tu esposo, entregado inconstante a deshonrosos adulterios, en busca de placeres vergonzosos, querrá acostarse 100 lejos de tus tiernas tetillas, sino que, como la flexible vid se 105 agarra a los árboles plantados en tomo, se agarrará a tus abrazos. Pero se va el dÃa. Sal, nueva esposa.
Oh, lecho nupcial, que a todos *** con el blanco pie de la 110 cama, ¡qué gozos llegan para tu dueño! ¡Qué grandes! ¡Los puede disfrutar en noche sin sueño y al mediodÃa! Pero el dÃa se va. Sal, nueva esposa.
115 Alzad, <oh> jóvenes, las antorchas. Veo llegar el velo color de llama. Id, cantad juntos al compás: ¡Io[154], Himen Himeneo, io! ¡lo, Himen Himeneo!