Don Quijote de la Mancha
Don Quijote de la Mancha —QuÃtenseme de delante los que dicen que las letras son mejores que las armas; que les diré que no saben lo que dicen. Siendo asà que las armas requieren espÃritu, como las letras, veamos ahora cuál de los dos espÃritus trabaja más. Digo, pues, que los trabajos del estudiante son éstos: principalmente pobreza, ya en hambre, ya en frÃo, ya en desnudez, ya en todo conjunto. Pero, asà y todo, llegan al grado que desean y, una vez alcanzado, los hemos visto mandar y gobernar el mundo desde una silla. Veamos ahora si acaso es más rico el soldado. Y veremos que no hay ninguno más pobre en la misma pobreza, porque está reducido a la miseria de su paga, que viene tarde o nunca. Pues esperad a que llegue el dÃa de batalla, que le dejará estropeado de brazo o pierna. Alcanzar alguno a ser eminente en letras le cuesta tiempo, vigilias, hambre y desnudez; pero llegar uno por sus términos a ser buen soldado le cuesta todo lo que al estudiante, y en mayor grado, porque a cada paso está a pique de perder la vida. Benditos aquellos siglos que carecieron de aquestos endemoniados instrumentos de la artillerÃa, a cuyo inventor tengo para mà en el infierno. Y asÃ, considerando esto, estoy por decir que en el alma me pesa de haber tomado este ejercicio de caballero andante en época tan detestable como esta en que vivimos, porque me inquieta pensar si la pólvora me ha de quitar la ocasión de hacerme famoso por el valor de mi espada.