Don Quijote de la Mancha
Don Quijote de la Mancha —No se sale —respondió ella— sino por la puerta de su locura. Quiero decir que quiere salir otra vez, que con esta será la tercera, a buscar por este mundo lo que él llama aventuras. La primera vez nos lo volvieron molido a palos. La segunda vino en un carro de bueyes y encerrado en una jaula. Y venÃa que no lo conociera la madre que lo parió, que para volverlo un poco en sÃ, gasté más de seiscientos huevos, como lo saben Dios y mis gallinas, que no me dejarán mentir.
—Pues no tenga pena —respondió el bachiller—, sino váyase en hora buena a su casa; que luego verá maravillas.
Y con esto se fue el ama, y el bachiller fue luego a buscar al cura, a discutir con él lo que se dirá a su tiempo.
Al cabo de tres dÃas, al anochecer, sin que nadie lo viese salvo el bachiller, que quiso acompañarles media legua, don Quijote y Sancho se pusieron en camino del Toboso, don Quijote sobre su buen Rocinante, y Sancho sobre su antiguo rucio, proveÃdas las alforjas de cosas tocantes a la manduca.
Luego que se quedaron solos, dijo don Quijote:
—Tengo determinado entrar en el Toboso y tomar bendición de la sin par Dulcinea.
Estaba el pueblo en un sosegado silencio, porque era de noche y todos sus vecinos dormÃan a pierna tendida, como suele decirse.