Don Quijote de la Mancha
Don Quijote de la Mancha —Los historiadores que de mentiras se valen —dijo don Quijote— habÃan de ser quemados. La historia es como cosa sagrada, porque ha de ser verdadera. Pero no obstante esto, algunos de los que asà la componen arrojan libros de sà como si fuesen buñuelos.
—No hay libro tan malo —dijo el bachiller—, que no contenga algo bueno.
Viendo el ama que Sancho Panza se encerraba tanto con su señor, cayó en la cuenta de sus intenciones, e, imaginando que de las consultas habÃa de salir la resolución de su tercera salida, y tomando su manto, toda llena de congoja y pesadumbre se fue a buscar al bachiller Sansón Carrasco.
Hallole paseando por el patio de su casa, y viéndole, se dejó caer a sus pies, con muestras doloridas y sobresaltadas.
—¿Qué es eso, señora ama? ¿Qué le ha acontecido, que parece que le quiere arrancar el alma?
—No es nada, señor Sansón mÃo, sino que mi amo se sale; ¡sálese sin duda!
—¿Y por dónde se sale, señora? —preguntó Sansón—. ¿Hásele roto alguna parte de su cuerpo?