Don Quijote de la Mancha
Don Quijote de la Mancha Y sucediole todo tan bien, que vio que del Toboso venÃan tres labradoras sobre tres pollinos. Asà como Sancho las vio, volvió a buscar a don Quijote, quien le preguntó si eran buenas las nuevas que traÃa.
—Tan buenas —respondió Sancho—, que no tiene vuestra merced más que salir al encuentro de la señora Dulcinea del Toboso, que, junto con otras dos doncellas suyas, viene a ver a vuestra merced.
Tendió don Quijote los ojos por todo el camino del Toboso, turbose todo, y dijo:
—Yo no veo, Sancho, sino a tres labradoras sobre tres borricos.
—Calle, señor, y despabile esos ojos —dijo Sancho—. Y venga a hacer reverencia a la señora de sus pensamientos.
Y diciendo esto, se adelantó a recibir a las aldeanas, e hincando ambas rodillas en el suelo ante el jumento de una de las tres labradoras, dijo:
—Reina y princesa y duquesa de la hermosura, recibid a vuestro caballero, don Quijote de la Mancha, que está todo turbado de verse ante vuestra magnÃfica presencia.
A esta sazón, ya se habÃa puesto don Quijote de hinojos junto a Sancho, y miraba con ojos desencajados a la que Sancho llamaba reina y señora, y no descubrÃa en ella sino a una moza aldeana, y no de muy buen rostro.