Don Quijote de la Mancha
Don Quijote de la Mancha La esposa no dio muestras de pesarle la burla. Antes dijo que confirmaba de nuevo aquel casamiento, de lo que quedaron Camacho y sus amigos tan corridos que, desenvainando muchas espadas, arremetieron a Basilio, en cuyo favor en un instante se desenvainaron casi otras tantas.
Don Quijote, a caballo, con la lanza sobre el brazo y bien cubierto con su escudo, a grandes voces decía:
—Teneos, señores, teneos, que no es razón toméis venganza de los agravios que el amor nos hace. Y advertid que en las contiendas amorosas se tienen por buenos los embustes y marañas que se hacen para conseguir el fin que se desea, como no sean en menoscabo y deshonra de la cosa amada. A los dos que Dios junta no podrá separarlos el hombre. Y el que lo intentare, primero ha de pasar por la punta de esta lanza.
Y la blandió tan fuerte, que puso pavor en todos los que no le conocían.