Don Quijote de la Mancha

Don Quijote de la Mancha

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El cura, que era varón prudente y bien intencionado, sosegó a Camacho, quien se hizo la reflexión que si Quiteria quería a Basilio doncella, también le quisiera casada, y que debía de dar gracias al cielo más por habérsela quitado que por habérsela dado. Y, por mostrar que no sentía la burla, quiso que las fiestas pasasen adelante como si realmente se desposara. Pero no quisieron asistir a ella Basilio ni su esposa ni sus amigos. Y, así, se fueron a la aldea de Basilio, llevándose consigo a don Quijote, estimándole por hombre de valor y de pelo en pecho.

—Mirad, discreto Basilio —le dijo don Quijote—, fue opinión de no sé qué sabio que no había en todo el mundo sino una sola mujer buena, y daba por consejo que cada uno pensase y creyese que aquella sola buena era la suya, y así viviría contento.

—Este mi amo —murmuró Sancho—, cuando comienza a dar consejos, no sólo puede tomar púlpito en las manos, sino dos en cada dedo.

Finalmente, tres días estuvieron amo y escudero con los novios, pidiendo don Quijote le diesen un guía que le encaminase a la cueva de Montesinos, porque quería ver si eran verdaderas las maravillas que de ella se decían por todos aquellos contornos.


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