Don Quijote de la Mancha
Don Quijote de la Mancha —No es mi tristeza por haber caÃdo en tu poder —respondió don Quijote—, sino por haber sido tal mi descuido que me hayan cogido tus soldados, estando yo obligado, por las leyes de la caballerÃa andante que profeso a vivir de continuo alerta.
Entonces conoció Roque Guinart que la enfermedad de don Quijote tocaba más en locura que en valentÃa, y holgose en extremo de haberle encontrado, para tocar de cerca lo que de lejos de don Quijote habÃa oÃdo.
Mandó luego Roque Guinart traer allà delante todo aquello que desde la última repartición habÃa robado, y lo repartió por toda su compañÃa, con tanta legalidad y prudencia que todos quedaron contentos, satisfechos y pagados.
—Si no se guardase esta puntualidad con éstos —dijo Roque a don Quijote—, no se podrÃa vivir con ellos.
A lo que dijo Sancho:
—Según lo que aquà he visto, es tan buena la justicia, que es necesario que se use incluso entre los mismos ladrones.