La ilustre fregona
La ilustre fregona —Mire, señor, lo que busca este mancebo.
Salió su amo y preguntóle qué buscaba. Él respondió que a unos caballeros de Burgos que iban a Sevilla, uno de los cuales era su señor, el cual le habÃa enviado delante por Alcalá de Henares, donde habÃa de hacer un negocio que les importaba; y que junto con esto le mandó que se viniese a Toledo y le esperase en la posada del Sevillano, donde vendrÃa a apearse; y que pensaba que llegarÃa aquella noche o otro dÃa a más tardar. Tan buen color dio Avendaño a su mentira, que a la cuenta del huésped pasó por verdad, pues le dijo:
—Quédese, amigo, en la posada, que aquà podrá esperar a su señor hasta que venga.
—Muchas mercedes, señor huésped —respondió Avendaño—; y mande vuesa merced que se me dé un aposento para mà y un compañero que viene conmigo, que está allà fuera, que dineros traemos para pagarlo tan bien como otro.
—En buen hora —respondió el huésped.
Y, volviéndose a la moza, dijo:
—Costancica, di a Argüello que lleve a estos galanes al aposento del rincón y que les eche sábanas limpias.
—Sà haré, señor —respondió Costanza, que asà se llamaba la doncella.