Los trabajos de Persiles y Sigismunda
Los trabajos de Persiles y Sigismunda Preguntáronle los pastores si la seguÃa alguien, o si tenÃa otra necesidad que pidiese presto remedio. A lo que respondió la dolorosa muchacha:
—Lo primero, señores, que habéis de hacer, es ponerme debajo de la tierra; quiero decir, que me encubráis de modo que no me halle quien me buscare. Lo segundo, que me deis algún sustento, porque desmayos me van acabando la vida.
—Nuestra diligencia —dijo un pastor viejo— mostrará que tenemos caridad.
Y, aguijando con presteza a un hueco de un árbol que en una valiente encina se hacÃa, puso en él algunas pieles blandas de ovejas y cabras, que entre el ganado mayor se criaban; hizo un modo de lecho, bastante por entonces a suplir aquella necesidad precisa; tomó luego a la mujer en los brazos y encerróla en el hueco, adonde le dio lo que pudo, que fueron sopas en leche, y le dieran vino, si ella quisiera beberlo; colgó luego delante del hueco otras pieles, como para enjugarse.
Ricla, viendo hecho esto, habiendo conjeturado que aquélla, sin duda, debÃa de ser la madre de la criatura que ella tenÃa, se llegó al pastor caritativo, diciéndole:
—No pongáis, buen señor, término a vuestra caridad, y usalda con esta criatura que tengo en los brazos, antes que perezca de hambre.