Cuentos de Canterbury
Cuentos de Canterbury Prólogo al cuento del intendente
¿CONOCÉIS el lugar dónde se halla un pequeño pueblo llamado Bob-up-and-Down[500], bajo el bosque de Blean, en el camino de Canterbury? Allà fue el lugar donde nuestro anfitrión empezó a soltar sus chistes:
—Vamos, caballero, Dun a quedado atascado en el fango. ¿Quién le sacará de él? ¿No quiere nadie despertar a nuestro amigo de atrás, por cariño o dinero? Algún ladrón podrÃa fácilmente robarle y dejarle amarrado. ¡Vedle ahà roncando a gusto! ¡Por los huesos del gallo! ¡Pero si va a caerse del caballo de un momento a otro! ¿Es ése el condenado cocinero de Londres? Hacedlo salir (ya sabe el castigo). Juro que nos contará un cuento, aunque éste no valga ni lo que un manojo de paja. ¡Despierta, cocinero, maldita sea! ¿Qué es lo que te pasa, que vas dormido en plena mañana? ¿Es que te han estado picando las pulgas toda la noche o es que estás bebido? ¿O es quizá que te has pasado toda la noche sudando encima de una concubina hasta que no pudiste levantar cabeza?
Completamente pálido y descolorido, el cocinero respondió al anfitrión:
—Que Dios me proteja, pero me ha entrado una pesadez tal (ignoro por qué), que antes preferirÃa echar una cabezada que beberme un galón del mejor vino en Cheapside.