Cinco obras en un acto
Cinco obras en un acto JIRIN.—SÃ. Solo faltan ya unas cinco páginas.
SCHIPUCHIN.—¡MagnÃfico! ¿Estará, entonces, preparada a eso de las tres?…
JIRIN.—Si no viene nadie a molestar, la terminaré, en efecto. Lo que queda es ya una insignificancia.
SCHIPUCHIN.—¡MagnÃfico! ¡MagnÃfico!… ¡La junta es a las cuatro, asà que, por favor, querido!… ¿A ver?… Déme la primera mitad, que voy a repasarla… Démela pronto… En esta Memoria tengo puestas grandes esperanzas. (Cogiéndola.) Es mi «professión de foi» o, mejor dicho, «mis fuegos artificiales»… (Se sienta y empieza a leer para sÃ.) A todo esto, me siento terriblemente cansado. Anoche me dio un ataque de gota, y después tuve que pasarme toda la mañana de aquà para allá, ocupado en una porción de cosas. Luego, el nerviosismo…, las ovaciones…, la agitación… ¡Estoy fatigado!
JIRIN.—Dos…, cero…, cero…, tres…, nueve…, dos…, cero… Esta cantidad de cifras me nubla los ojos. Tres…, uno…, seis…, cuatro…, uno…, cinco… (Hace chasquear el ábaco.)
SCHIPUCHIN.—¡También otra contrariedad!… Hoy por la mañana vino a verme su señora y volvió a quejarse de usted… Me dijo que ayer, anochecido, estuvo usted persiguiendo a ella y a su cuñada con un cuchillo… ¡Kusma Nikolaich! ¡Esto ya es demasiado!
