La gaviota
La gaviota ARKÁDINA.—¿Qué caballos? ¿Cómo quiere usted que lo sepa?
SORIN.—Pero tenemos caballos para coche.
SHAMRÁIEV.—(Inquietándose.) ¿Para coche? ¿Y de dónde saco las colleras? ¿De dónde saco las colleras? ¡Es sorprendente! ¡Es increíble! ¡Mi muy respetable señora! Perdone, me inclino ante su talento, estoy dispuesto a dar por usted diez años de vida, pero no puedo darle caballos.
ARKÁDINA.—¿Y si he de ir? ¿Qué tiene de extraño?
SHAMRÁIEV.—¡Muy respetable señora! ¡Usted no sabe lo que significa administrar una hacienda!
ARKÁDINA.—(Irritándose.) ¡Ésta es una vieja historia! En este caso, hoy mismo vuelvo a Moscú. Mande alquilar caballos para mí en la aldea; de lo contrario, ¡me voy a la estación andando!
SHAMRÁIEV.—(Irritándose.) ¡En este caso renuncio a mi puesto! ¡Búsquense otro administrador! (Se va.)
ARKÁDINA.—¡Cada verano pasa lo mismo, cada verano me ofenden aquí! ¡No volveré a poner los pies en esta casa! (Se va por la izquierda hacia donde se supone que se encuentra la caseta de baño; un minuto después se la ve entrar en la casa; la sigue Trigorin con cañas de pescar y un cubo.)