La gaviota
La gaviota SORIN.—(Irritándose.) ¡Esto es una insolencia! ¡El diablo sabe lo que esto significa! Ya estoy harto. Que traigan aquí todos los caballos. ¡Ahora mismo!
NINA.—(A Polina Andréievna.) ¡Negar algo a Irina Nikoláievna, a una actriz tan famosa! ¿Acaso cada uno de sus deseos, hasta cada uno de sus caprichos no son más importantes que toda la hacienda? ¡Es sencillamente increíble!
POLINA ANDRÉIEVNA.—(Desesperada.) ¿Qué puedo hacer yo? Pónganse en mi situación: ¿qué puedo hacer yo?
SORIN.—(A Nina.) Vamos a ver a mi hermana… Todos le suplicamos que no se vaya, ¿verdad? (Mirando en dirección a la seguida por Shamráiev.) ¡Es un hombre insoportable! ¡Un déspota!
NINA.—(Impidiéndole levantarse.) Quédese sentado, quédese sentado. Le llevamos nosotros… (Nina y Medvedenko empujan el sillón.) ¡Oh, qué terrible es esto!
SORIN.—Sí, sí, es terrible… Pero él no se irá, ahora mismo le hablaré. (Salen; se quedan tan sólo Dorn y Polina Andréievna.)
DORN.—Son unos aburridos. Lo que se debía haber hecho era agarrar por el pescuezo al marido de usted y despedirle; pero todo acabará con que Piotr Nikoláievich, que está hecho una vieja mujeruca, y su hermana le pedirán perdón. ¡Ya lo verá!