La gaviota
La gaviota POLINA ANDRÉIEVNA.—Ha mandado al campo hasta los caballos de los coches. Todos los días hay historias como ésta. ¡Si supiese usted lo que me preocupa! Me pone enferma; ¿ve?, estoy temblando… No soporto sus groserías. (Suplicante.) Evgueni, querido, adorado, lléveme con usted; que por lo menos al final de nuestra vida no debamos escondernos, mentir… (Pausa.)
DORN.—Tengo cincuenta y cinco años; ya es tarde para cambiar de vida.
POLINA ANDRÉIEVNA.—Ya sé, me rechaza porque, aparte de mí, hay otras mujeres que le placen. Llevarlas a todas consigo es imposible. Lo comprendo. Perdone, le he estado fastidiando.
(Nina aparece cerca de la casa; recoge flores.)
DORN.—No, nada.
POLINA ANDRÉIEVNA.—Los celos me hacen sufrir. Claro, usted es doctor, no puede evitar a las mujeres. Lo comprendo…
DORN.—(A Nina, que se acerca.) ¿Qué pasa allí?
NINA.—Irina Nikoláievna llora y Piotr Nikoláievich sufre un ataque de asma.
DORN.—(Se levanta.) Hay que ir y darles a los dos unas gotas de valeriana…
NINA.—(Tendiéndole las flores.) ¡Permítame!
DORN.—Merci bien. (Se dirige hacia la casa.)