La gaviota
La gaviota TRIGORIN.—La recordaré. La recordaré a usted tal como la vi aquel día soleado, ¿recuerda?, hace una semana, cuando llevaba usted un vestido claro… estuvimos hablando… y había en el banco una gaviota blanca.
NINA.—(Pensativa.) Sí, la gaviota… (Pausa.) No podemos seguir hablando, alguien se acerca… Antes de partir, concédame dos minutos, se lo suplico…
(Sale por la izquierda; al mismo tiempo entran por la derecha Arkádina, Sorin vistiendo frac con una estrella en la solapa; luego Yákov, atareado en preparar el equipaje.)
ARKÁDINA.—Tú, mi viejo, quédate en casa. ¿Cómo vas a salir con tu reumatismo? (A Trigorin.) ¿Quién acaba de irse? ¿Nina?
TRIGORIN.—Sí.
ARKÁDINA.—Perdón, hemos estorbado… (Se sienta.) Creo que lo he puesto todo en las maletas. Estoy rendida.
TRIGORIN.—(Lee en el medallón.) Los días y las noches página 121, líneas 11 y 12.
YÁKOV.—(Recogiendo lo que hay en la mesa.) ¿Hay que empaquetar también las cañas de pescar?
TRIGORIN.—Sí, aún las necesitaré. Los libros, dalos a quien quieras.
YÁKOV.—Como usted mande.