La gaviota
La gaviota TREPLIOV.—Era difícil de comprender. Probablemente lo tiene. Yo la veía, pero ella no quería verme; en el hotel daba orden de que no se me dejara pasar a visitarla. Yo comprendía su estado de ánimo y no insistía en obtener la entrevista. (Pausa.) ¿Qué más podría decirle? Después, cuando volví a casa, recibí de ella unas cartas. Eran cartas inteligentes, afectuosas, interesantes; no se quejaba, pero yo me daba cuenta de que era profundamente desdichada; no había línea que no respondiera a un nervio tenso, enfermo. También tenía la imaginación un poco perturbada. Firmaba como «La Gaviota». En La Sirena[3] el molinero dice que es un cuervo. Así ella, en sus cartas, repetía siempre que es una gaviota. Ahora está aquí.
DORN.—¿Cómo se entiende, aquí?
TREPLIOV.—En la ciudad, en una hostería. Hace ya cinco días que se aloja allí. Yo he ido a verla, y también ha ido María Ilínichna, pero no recibe a nadie. Semión Semiónovich afirma que ayer, después del almuerzo, la vio, en el campo, a dos verstas de aquí.
MEDVEDENKO.—Sí, la vi. Ella iba en dirección opuesta, hacia la ciudad. La saludé y le pregunté por qué no venía a hacernos una visita. Me contestó que vendría.