La gaviota
La gaviota TREPLIOV.—Tuvo un niño. El niño murió. Trigorin dejó de quererla y volvió a sus antiguos afectos, como era de esperar. De todos modos, nunca había roto sus viejas relaciones en un lado y en otro. Por lo que he podido comprender de lo que se me ha dicho, la vida privada de Nina ha sido un fracaso total.
DORN.—¿Y en la escena?
TREPLIOV.—Según parece, aún ha sido peor. Debutó en un punto de veraneo cerca de Moscú, luego se fue a provincias. En aquel entonces yo no la perdía de vista y durante cierto tiempo la seguí adonde fuera. Representaba siempre papeles importantes, pero lo hacía sin gracia, sin gusto, forzando la voz y gesticulando de manera brusca. Había momentos en que sabía emitir un grito con arte, pero se trataba sólo de momentos.
DORN.—¿Así pues, talento artístico no le falta?