La gaviota
La gaviota MEDVEDENKO.—Permítame una pregunta, doctor: ¿cuál es la ciudad extranjera que más le ha gustado?
DORN.—Génova.
TREPLIOV.—¿Por qué Génova?
DORN.—Hay en las calles de esa ciudad una muchedumbre excepcional. Al atardecer, cuando sales del hotel, la calle está llena de gente, caminas luego entre la muchedumbre sin objetivo alguno, sin rumbo, siguiendo una línea quebrada; vives con la gente, te fundes psíquicamente con ella y empiezas a creer que, en verdad, es posible la existencia de una sola alma universal, semejante a la que un día, en su obra, personificó Nina Zariéchnaia. A propósito, ¿dónde está ahora Zariéchnaia? ¿Dónde está y cómo está?
TREPLIOV.—Es de suponer que goza de buena salud.
DORN.—Me han dicho que ha llevado una vida un poco especial. ¿De qué se trata?
TREPLIOV.—Es una larga historia, doctor.
DORN.—Cuéntela en pocas palabras. (Pausa.)
TREPLIOV.—Huyó de su casa y se unió a Trigorin. ¿Lo sabía usted?
DORN.—Lo sabía.