La isla de Sajalin
La isla de Sajalin Aquí, en el lugar de deportación, se ha construido una isba, hace cubos, mesas y toscos armarios. Sabe fabricar todo tipo de muebles, pero solo «para sí», es decir, para su uso personal. No se ha peleado con nadie ni ha sido golpeado; solo una vez, siendo niño, su padre le azotó porque, mientras vigilaba un sembrado de guisantes, había dejado entrar al gallo.
Un día tuve con él la siguiente conversación.
—¿Por qué te enviaron aquí? —le pregunté.
—¿Qué dices, excelencia?
—¿Por qué te enviaron a Sajalín?
—Por asesinato.
—Cuéntame todo desde el principio.
Yegor se detuvo en el quicio de la puerta, puso las manos a la espalda y comenzó: