La isla de Sajalin
La isla de Sajalin —Espera, no me interrumpas, excelencia. Cuando acabamos de beber Andréi trajo medio cuartillo de vodka de pimienta. Me sirvió la mitad y la otra mitad se la tomó él. Es decir, bebimos un vaso cada uno. Entonces, los mujiks salieron de la taberna y se encaminaron a sus casas; nosotros les seguimos. Me dolían los riñones de ir a caballo, así que desmonté y me senté en la orilla. Canté canciones y conté chistes. Lo pasamos bien. Después nos levantamos y nos fuimos.
—Háblame del asesinato —le interrumpí.