La isla de Sajalin
La isla de Sajalin —Espera. Cuando llegué a casa, me fui a la cama y estuve durmiendo hasta que me despertaron por la mañana. «Levántate —me dicen—. ¿Quién de vosotros le ha propinado una paliza a Andréi?». Entre tanto trajeron a Andréi y vino el comisario de policía. Nos interrogó a todos, pero ninguno confesó. Pero Andréi, todavía vivo, dijo: «Tú, Serguéi, me golpeaste con un palo, es lo único que recuerdo». Serguéi no se reconoció culpable. Todos pensábamos que había sido él y empezamos a vigilarle, no siendo que se le ocurriera quitarse la vida. Al día siguiente Andréi murió. La familia de Serguéi, su hermana, su suegro, le aconsejaban: «No lo niegues, Serguéi, no hay solución. Reconócete culpable e implica a alguno de los que estaban cerca. Eso arreglará un poco las cosas». En cuanto Andréi murió, fuimos todos a ver al jefe de la aldea y denunciamos a Serguéi. Le interrogamos, pero no confesó. Después se le dejó en libertad para que pasara la noche en su casa. Algunos lo vigilaban para que no se quitara la vida. Tenía una escopeta. La situación era peligrosa. Por la mañana se descubrió que no estaba. Registramos la casa, le buscamos por la aldea, por los campos. Después vino alguien desde el puesto de policía para anunciarnos que ya estaba allí. Nos llevaron también a nosotros. Y Serguéi, sabes, se puso de rodillas ante el comisario y el jefe del puesto y nos acusó, diciendo que los hijos de Yefrem llevaban ya tres años planeando matar a Andréi. «Íbamos los tres juntos por la carretera, Iván, Yegor y yo, y nos habíamos puesto de acuerdo en darle una paliza. Yo golpeé a Andréi con un palo, mientras Iván y Yegor la emprendieron a puñetazos; yo me asusté, eché a correr y me reuní con los mujiks, que se habían quedado atrás». A continuación nos condujeron a Iván, a Kirsha, a Serguéi y a mí a la cárcel de la ciudad.