La isla de Sajalin
La isla de Sajalin La excepcional dureza del trabajo en las minas no se debe a que se trabaje bajo tierra, en corredores húmedos y oscuros, avanzando a gatas o con la espalda encorvada; las labores de edificación y construcción de carreteras, a merced de la lluvia y los fuertes vientos, también exigen del obrero un gran derroche de fuerza física. Quien esté familiarizado con las condiciones de trabajo de la cuenca del Donets no encontrará tan terribles las minas de Dué. Su excepcional dureza no reside en el trabajo, sino en el ambiente, la cerrazón y la mala fe de los celadores, que hacen que los presos tengan que soportar a cada paso la insolencia, la injusticia y la arbitrariedad. Los ricos toman té mientras los pobres trabajan; los vigilantes engañan a sus superiores a la vista de todos. Los inevitables conflictos entre la administración de las minas y la del penal causan gran cantidad de disputas, altercados y pequeños desórdenes, cuyas consecuencias afectan sobre todo a los trabajadores forzados. Como dice el proverbio: «Cuando los señores discuten, a lo criados les duelen las costillas».