La isla de Sajalin
La isla de Sajalin Por muy corrompido y depravado que esté, el preso aprecia ante todo el sentido de la justicia. Y si no lo encuentra en las personas a las que está sometido, se va hundiendo año tras año en un pozo de rabia e incredulidad. Cuántos de ellos, convertidos por esa circunstancia en pesimistas y sombríos cascarrabias, no paran de hablar, con expresión grave y aire malévolo, de la gente, de las autoridades, de una vida mejor, mientras la chusma se retuerce de la risa porque todo eso, en verdad, resulta ridículo.
La dureza del trabajo en las minas de Dué también se debe a que el presidiario, durante años y años, no ve otra cosa que la mina, el camino de la cárcel y el mar. Es como si toda su vida se redujera a esa estrecha lengua de arena entre la orilla arcillosa y las olas.