La isla de Sajalin
La isla de Sajalin Junto a la oficina se alza el barracón de los colonos que trabajan en la mina, un viejo granero de dimensiones reducidas que, mal que bien, ha sido acondicionado como dormitorio. Estuve allí a las cinco de la mañana, cuando los colonos se acababan de levantar. ¡Qué hedor, qué oscuridad, qué hacinamiento! Los cabellos desgreñados, como si hubieran estado toda la noche de pelea; los rostros adormilados, de un gris amarillento, con una expresión como la de los locos o los enfermos. Se ve que han dormido vestidos y con las botas puestas, apretados unos contra otros, algunos en las tarimas, otros debajo, directamente en el sucio suelo de tierra. Según me dijo el médico que me acompañaba esa mañana, hay un sazhen cúbico de aire por cada tres o cuatro personas. Era la época en que se temía que pudiera estallar una epidemia de cólera en Sajalín y se había decretado una cuarentena.
Esa misma mañana estuve en la cárcel de Voievodsk, construida en la década de 1870. Para el acondicionamiento del terreno en el que ahora se alza hubo que nivelar la escarpada orilla en un área de cuatrocientos ochenta sazhens cuadrados. En la actualidad, es la más terrible de todas las cárceles de Sajalín. No la han rozado las reformas, de manera que puede servir de fiel ilustración del viejo orden y de las viejas cárceles, que antaño suscitaron el horror y la repugnancia de los testigos.