La isla de Sajalin
La isla de Sajalin En la actualidad ese puesto lo ocupa el señor K., joven inteligente y amabilísimo, un petersburgués que parece añorar muchísimo su patria. Su enorme alojamiento, con amplias habitaciones de techo alto, en las que resuena el eco solitario de sus pasos, y las monótonas e interminables jornadas desocupadas, le deprimen tanto que se siente como un preso más. Y encima, para agravar más esa situación, ese joven se despierta muy temprano, a las tres o las cuatro de la madrugada. Una vez levantado, bebe una taza de té, da una vuelta por la cárcel… y luego, ¿qué hacer? No le queda más que deambular por su laberinto, contemplando las paredes de madera y estopa; luego toma otra taza de té, se ocupa de cuestiones de botánica y se pasea de nuevo, sin escuchar otro sonido que el ruido de sus pasos y el aullido del viento.